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La Emperatriz de Belsan
31-05-2009 17:39:53 - Poesía - Leido 54 veces

eichwaldabbey

 

¿Qué hay más fuerte que el acero?

El aliento de la mar.

Afuera las olas seguirán bramando

cuando nosotros nos hayamos ido;

afuera venganzas, cánticos y orgullos

continuarán su inevitable danza

y Vánitas extenderá sus pulposos tentáculos

a los rincones oscuros del alma.

Ah, pero el cosmos intocado.

Nunca consumido el vacío,

ni el caos.

¿Qué hay más fuerte que el acero?

El aliento de la mar.

19-05-2009 01:16:45 - Cartas a la Emperatriz - Leido 46 veces

witheredrose

 

 

La juventud está sobrevalorada, y yo no la glorifico.

Mira a tu alrededor y no verás más que odas a la juventud. La cosmética y la medicina están volcadas a hacernos ver más jóvenes, la alimentación ha dejado de ser eso que haces tres veces al día para convertirse en una carrera contra el envejecimiento celular, los productos que nos venden aparecen rodeados de una magnífica pátina de satisfacción inmediata y aventura. Riesgo, locura, irresponsabilidad, desprecio por los valores burgueses, contradicción, búsqueda de placer, impaciencia, desorden, energía desbordante, emociones enloquecidas que cambian sin cesar. Todos esos valores corresponden a la juventud. O eso dicen los mayores mientras niegan condescendientes con la cabeza, afirmando que ya se nos pasará.

Qué huevos, pienso yo.

Os voy a decir una cosa: no me enorgullezco de que en nuestra época la juventud sea lo mejor que le puede pasar a uno. Os digo más: muchas veces, la juventud ha sido lo peor que ha podido pasarme. Pregúntale a alguien si quiere inyectarse algo que le haga sentirse continuamente asustado, deprimido, angustiado, incomprendido, excluido, ninguneado, desconocido, herido, confuso, cabreado y enfermo, a ver qué te dice. Pues bien, eso es a grandes rasgos la juventud, no nos engañemos. Los adultos, como nos pasa a todos, han olvidado la parte mala y recuerdan sólo las noches de juerga, el sexo, la belleza de sus cuerpos y el hecho de que no pagaban facturas. El tiempo siempre hace que las cosas malas nos lleguen atenuadas a la memoria, es un método de supervivencia. Ellos han olvidado, o en el mejor de los casos desmerecido, las lágrimas, el pánico, la impotencia, el inexplicable sufrimiento. Porque eso es lo que significa adolescente: por algún error de expresión, la gente utiliza el verbo adolecer como sinónimo de carecer, es decir, que un adolescente es alguien a quien le falta algo. Un hervor, dirían nuestros mayores. Pero lo cierto es que adolecer (que tiene la misma raíz que “dolor”) significa sufrir, y un adolescente es alguien que sufre. Su propia definición ya debería hacernos pensar sobre su significado. Los adolescentes no se convierten en tales para abrirse a una maravillosa vida de irresponsabilidad y amoríos, si no para sufrir hasta lo insoportable la Vida, a secas. Dicen algunos adultos sabios que nunca se vuelve a sufrir tanto.

Los seres humanos no nacemos para ser felices y casi nunca lo somos, por ello es ingenuo pensar que la juventud es una beatífica época de felicidad permanente, sin preocupaciones. Ocurre lo mismo con la infancia; ya va siendo hora de que nos desengañemos, los críos sufren igual que nosotros. Lo único que ellos poseen y nosotros no es capacidad para olvidar y seguir adelante. Los jóvenes, al entrar en la pubertad, la pierden: ¡qué desgracia más grande que esa! ¡Y aún tienen la desfachatez de pensar que estamos prácticamente obligados a ser felices!

Pienso en las supuestas ventajas de la juventud y me cago en ellas. No quiero sentirme más así: prepotente, arrogante, egoísta, contradicha por mí misma, ahogada por el peso de mi ego, forzada a actuar según un guión que yo misma he elegido para parecer diferente. Y luego hablan de la exclusión del que es diferente, cuando nosotros mismos nos convertimos en dictadores y no nos toleramos ni una sola falta ante nuestra supuesta personalidad… Estoy harta de no saber qué carajo quiero y de que los mayores me miren con pena, sabiendo perfectamente qué es lo que me pasa; estoy hasta el coño de enrabietarme cada vez que me doy cuenta de que no tengo la razón. ¿Quién demonios iba a querer sentirse así?

Y sin embargo miro a mi alrededor y veo que a la gente de mi edad le aterroriza la idea de envejecer. Aman con un fervor fanático sus cuerpos aún firmes y lozanos, y sudan entre pesadillas pensando en que indefectiblemente les llegará la decrepitud, luchando una batalla perdida por preservarse de ella. Creen que su juventud es el último reducto de la libertad frente al conformismo, que sus emociones y pasiones irremisiblemente se marchitarán y que la vida se volverá un páramo gris con el paso del tiempo, destrozando hasta los placeres más intensos.

Y me dan ganas de reírme un rato.

 

decadencia

 

¿Tan pobre opinión les merece su propia vida? ¿Tan poquito vale que cambiarían todo lo que les queda por vivir, los libros que no han leído, las personas que no han conocido, las copas que no han chocado, las lecciones que no han aprendido, por un chute de adrenalina y un pegote de colágeno? ¿Tan arrogantes son que creen que nada será mejor que lo que tienen ahora? Y se hacen llamar inconformistas, lo que son las cosas.

Antes, el valor en alza era la madurez: a la gente mayor se la respetaba y veneraba como las personas experimentadas y sabias que eran. Sí, está claro que no es universal, pero más sabe el diablo por viejo que por diablo. Desde luego no servían sólo para cuidarnos a los críos y luego arrumbarlos en un geriátrico cuando empezaran a darnos por culo con el Alzheimer. ¿Cuántas cosas han visto esos ojos casi ciegos, cuántos rotos han arreglado, cuántas heridas han curado, cuántas comidas han cocinado y cuántas vidas ayudado a construir esas manos arrugadas? Cuántas veces habrán ellos vivido lo que nosotros, y de cuántas maneras diferentes. Y sin embargo, nos burlamos de ellos, los ignoramos, por inútiles, por conservadores, por plastas, por lo que sea. Lo que mola es ser joven y creerse el ombligo del mundo, los otros son unos viejos aburridos que no cuentan. Por mucho que me joda admitirlo, si ellos nos miran con condescendencia y sonríen pacientes, será por algo: ellos también tuvieron nuestra edad y saben que la vida humana es como las estaciones. Todo evoluciona, y de esta fase de regocijo egoísta y descarada exhibición de flores pasaremos a un otoño calmo y tibio en el que aprenderemos finalmente a regalar los frutos sin pedir nada.

El sabio es aquel que se ha desprendido del ego, y no hay persona con menos ego que la que ha criado a varias generaciones de niños, entre ellos sus propios hijos. No hay manera de criar a un mocoso, uno solo, manteniendo el mismo ego voraz que se tiene de joven. Es un impedimento insoslayable, no hay manera humana de educar bien a un hijo pensando primeramente en ti. Así de fácil. De ahí venimos nosotros: de un par de chiquillos arrogantes y egocéntricos que un buen día tuvieron que agachar la cabeza y reconocer que no eran el centro del universo. Es un gesto de amor inmenso y el primer paso hacia la sabiduría, eso que los jovenzuelos solemos confundir con conocimientos o cultura (cosas que acumulamos con avaricia para lucirnos). Nada más lejos de la realidad. Mi abuela materna acabó la primaria a trancas y barrancas y al escribir se le caen la mayor parte de los rudimentos ortográficos. Pero en las ocasiones graves de la vida, sabe perfectamente lo que hay que hacer: no compadecerse, no dar consejos que nadie ha pedido, poner en la mesa un café y un donut, y sobre todo sonreír y echar p’alante, que ya vendrá lo bueno. Eso es sabiduría y lo demás son pollas.

Después de todo esto creo que está claro por qué no me enorgullezco especialmente de ser joven. Disfruto mis días de arrebatos hormonales, locura y belleza, porque sé que no van a durar siempre: si fuera así me moriría de un infarto antes de los treinta. Hubo momentos en mi vida en los que habría dado la mitad de la juventud que me quedaba por un poco de paz; ahora acepto que eso es lo que toca ahora, y que algún día estaré en otra fase, con otras cosas buenas y otras malas, pero siendo yo siempre. Me niego a creer que hacerse mayor sea una puta mierda, como se queja todo el mundo. Yo también quiero tener esa expresión de beatífica satisfacción y sentir que no le falta nada a mi vida. Quiero levantarme una mañana y no estar pensando en qué me voy a poner, con quién voy a quedar, con quién voy a follar o qué tengo que planificar para no quedarme en casa como una mema. Quiero, simplemente, aprender a complacerme de lo que tengo y lo que me rodea sin desvivirme por poseerlo todo. Pero eso, amigos míos, sólo se aprende con el tiempo. Con mucho tiempo. Y hacia allá es adonde me dirijo.

Nos veremos al otro lado del arcoiris.

 

Música: Sur (Lucybell)

P.S.: Últimamente hay mucha imagen de flor por aquí. Será que estoy en celo.

11-05-2009 15:36:31 - Relato - Leido 64 veces

rosa

 

La rosa más perfecta que vi nunca me la regaló un amante ingrato junto a las vías del tren. Era roja, por supuesto, y en sus pétalos podía contar todos y cada uno de los diversos tonos de la sangre. Cuando la recibí aún era un capullo que parecía un rubí tallado, pero en la semana siguiente se fue abriendo, carnosa, túrgida y bellísima, sin una sola marca de vejez en los bordes, sana y brillante. Incluso sus hojas cerosas y relucientes daban cuenta de su perfección. La recuerdo prendida como un sol encarnado contra el azul pálido de mi pared. Hasta su muerte fue magnífica, pues aunque marchita, se seguía apreciando que había tenido una juventud espléndida. Pero en cuanto empezó a morirse, la cogí, la rompí y la tiré a la basura, al igual que los sentimientos efímeros que me había provocado quien la compró. Creo que fue entonces cuando entendí que aun cuando nos dejamos conscientemente hechizar por la perfección aparente, siempre debemos recordar que está destinada a morir y que nosotros no podemos ir tras ella.

Al fin y al cabo, la única rosa que guardé fue ese capullito pocho y petrificado que me compraste contra mi voluntad en la feria de invierno, hace años. Nunca se abrió, y a pesar de ser joven se veía por sus colores desvaídos que llevaba demasiado tiempo en la nevera. Una cicatriz grisácea recorría su pétalo principal. Recuerdo que yo quise comprártela en un principio, pero hicimos una carrera y te me adelantaste. Qué rabieta cogí. Eso ya no me importa ahora. Lo que me importa es que está aquí ahora, seca y lacada, polvorienta, sobre mi escritorio, burlándose del recuerdo de la rosa perfecta que ya no está. Ni un millón de rosas como aquella, con su granate inmortal, podrán superar mi pobre rosita cutre, seca en su florero vacío.

Ella me recuerda que después de tanto tiempo, tantos gritos, tantos amantes, tantos gozos y errores, tú sigues aquí.

 

Música: Way to Mandalay (Blackmore's Night)

05-05-2009 22:58:31 - Poesía - Leido 19 veces

clavel

 

Amo los claveles,

sus traviesos pétalos de bordes dentados,

la textura mantecosa de sus carnes coloradas,

risas infantiles de papel crepé.

Blanco para la espuma,

rosa té de corazones,

naranja como el durazno,

rojo para besar.

Cariño malo,

hagamos el amor en un lecho

de claveles.

21-04-2009 20:47:12 - Retales - Leido 47 veces

Pero ¿por qué los chicos siempre tenemos que pasar la vergüenza de dar el primer paso? ¡Nosotros también queremos decir no!

Mi alumno de repaso, Voro. Para que luego digan que los quinceañeros están tontos.

13-04-2009 14:23:57 - Shot - Leido 42 veces

kiss

 

Pero yo te quise. Más pronto, más tarde, te quise. Te quise como os quise a todos: con el deleite ardiente y desesperado de algo abocado al fracaso. Te amé sabiendo en el fondo que iba a perderte, y no lo lamento, porque sólo cuando cada segundo puede ser el último la sed de vida es tan ardiente. El dolor valió la pena, me da igual, tuve una hija. Yo misma. Sé que te desconcierta, pero lo entiendo. Tú también me desconcertabas, y te amé de igual forma. Éramos dos niños, y mira. Una parte de mí siempre te querrá. No puedo olvidaros, a ninguno. Cada uno de vosotros erais una fruta en mi cesta, cada una de distinto color, sabor y perfume. Y cuando el sabor a fresa se transformaba en sangre, no lo lamenté. Erais deliciosos todos. Tú también lo eras, una manzana morena glaseada de sal. Deliciosa vida, exquisito amor. En mi memoria aún me embriago de vuestros cuerpos. ¿Qué más habría podido pedirle a ningún dios, salvo vosotros? Ah, mi niño para siempre, yo te quise, y la muchacha inexperta y curiosa que fui te ama. Ése es mi secreto.

Música: Who killed Mr. Moonlight? (Bauhaus)

05-04-2009 15:42:34 - Música - Leido 28 veces

Natacha Atlas

 

On est bien peu de choses

et mon amie la rose

me l'a dit ce matin.

"A l'aurore je suis née,

baptisée de rosée,

je me suis épanouie,

heureuse et amoreuse

au rayon de soleil.

Je me suis fermée la nuit,

je me suis reveillée vielle;

pourtant j'étais très belle,

oui, j'étais la plus belle

des fleurs de ton jardin..."

 

On est bien peu de choses

et mon amie la rose

me l'a dit ce matin.

"Vois, le dieu qui m'a fait

m'a fait courber la tête

et je sens que je tombe,

et je sens que je tombe;

mon coeur est presque nu,

j'ai le pied dans la tombe,

dejà je ne suis plus.

Tu m'admirais que hier, et

je serais poussière

pour toujours demain."

 

On est bien peu de choses

et mon amie la rose

mort ce matin.

La lune cette nuit

a veillé mon amie;

moi en rêve j'ai vu

éblouissant les nuits

son âme qui dansait,

bien-au dejà du vu,

et qui me sourait.

Croit celui qui peut croire;

moi, j'ai besoin d'espoir,

sinon je ne suis rien.

 

On est bien peu de choses

et mon amie la rose

me l'a dit ce matin.

"Vois, le dieu qui m'a fait

m'a fait courber la tête

et je sens que je tombe,

et je sens que je tombe;

mon coeur est presque nu,

j'ai le pied dans la tombe,

dejà je ne suis plus.

Tu m'admirais que hier

et je serais poussière

pour toujours demain..."

 

No he encontrado una traducción decente por internet, pero si os interesa dejadme un comentario y yo me encargaré de haceros una.

27-03-2009 00:10:55 - Cartas a la Emperatriz - Leido 85 veces

Faith

 

Fe

no es cerrar los ojos y a creer

como oveja en su prisión.

Creo en mi propio error.

 

Fe, fe. ¿Qué es fe? Creo que voy a pasar del muy manido recurso del "según el diccionario de la RAE..." y voy a ir al grano. Hace poco, alguien me habló de que había mantenido una discusión con una chica que estaba convencida de que la Virgen María era realmente virgen. Dieciocho años y con un dogma pétreo, no es ni mucho menos raro. Bueno, la chica era muy católica, eso es respetable, y de verdad creía que Maryam era virgen, eso es comprensible. Pero eso que sentía ella, ¿es realmente fe? O no, tal vez debería cambiar el verbo: eso que pensaba ella, ¿es realmente fe?

Tener fe significa creer, fe es ante todo no razón, si no esperanza. Esperanza de tener algo mejor, de alcanzar algo mejor, de ser algo mejor. Y también de todo eso sin el mejor: tener, alcanzar y finalmente ser, en un entorno hostil con todo en contra. La fe es, al final de todo, lucha.

 

Oh, fe,

el viento sopla fuerte en tu piel;

de ellos me sostendré.

Creo en mi propio error.

 

 

Cierto, no existe la fe tranquila, la fe amable, la fe cómoda. Vivimos en un mundo que constantemente conspira para impedirnos creer, que se lo monta la mar de bien para convencernos de que nuestra vida no tiene sentido. Y nosotros, empeñados en vivir a toda costa, nos agarramos a un clavo ardiendo, gritando de dolor pero negándonos a soltarlo. La fe es una lucha constante contra todo, una defensa de la causa perdida que es nuestra existencia, una abogacía por lo absurdo. La fe es una agonía, en su significado de muerte, y en su significado de lucha. Fe es cogerse con las uñas a algo, tenga el nombre que tenga, y agarrarlo con todas nuestras fuerzas cuando vengan las racionales huestes del Vacío a tirarnos de los pies. Fe es dejarse la vida por tener fe.

 

Oh, fe,

córtate las alas y a correr,

nadie te va a detener,

no, no, no, no...

 

 

Fe no es religión, al mismo tiempo que religión no es dogma. Creo que ya expliqué en otra carta, hace tiempo, lo que pensaba de estas diferencias, así que no hace falta que lo diga otra vez. La fe aparece desligada de la religión todos los días, en cada pequeño gesto de la humanidad, en la confianza esperanzada que deposita sobre el frágil e infinito "quizás" en que basa todas sus posibilidades. Sin embargo, la relación entre religión y fe nos plantea una dicotomía interesante, que creo que todos hemos observado: por un lado, está esa fe costumbrista, árida e infértil, de creer a ciegas aquello que se nos ha enseñado siempre, de modo que se convierte, a fuerza de repetirlo, en paradigma de la existencia. Es decir, dejar en manos de algún modelo conductual preestablecido la respuesta moral a los cuestionamientos de la vida. Está claro que no hace falta la religión para que se dé; me da en la nariz que éste es el caso de nuestra amiga de arriba...

 

Fe

no es ver el camino y seguir

como oveja en su ceguez.

Creo en mi propio error.

 

 

Y por otro lado, tenemos la fe auténtica: mientras la otra es forma y esquema, la fe en realidad es energía, amorfa e imperecedera, es el combustible de la eternidad. He conocido a personas cuya fe, en forma de religión, era totalmente sincera: se dejaban de huevadas de moral práctica y teología y dejaban que la fe fuera aquello que bombeara su corazón, contrajera sus músculos y expandiera su espíritu. Sus obras, grandes o pequeñas en tamaño pero inmensas todas, eran producto de la fe. Leemos a los místicos medievales y en su poesía hallamos ese ardor vital, una imaginería intensa y casi sexual que trasciende la carne imperfecta y busca desesperadamente el infinito. Pasión. La fe es lucha constante, es sufrimiento, y el sufrimiento que se transforma en fuerza para cambiar las cosas se llama pasión. La fe es desesperada, apasionada, dolorosa y profundamente vital.

 

Oh, fe,

córtate las alas y a correr,

nada te va a detener,

no, no, no, no...

 

La fe es energía, porque mueve montañas, y es vida porque el mero hecho de vivir sin más garantía que la propia vida ya es un descomunal acto de fe. Algunos nos quieren hacer creer que la fe y la esperanza son un consuelo para idiotas, que hemos venido al mundo a devorar nuestra libra de carne, echar nuestro pequeño polvo y morir como ratas, que lo mejor es pasárselo bien con los ojos cerrados antes de que eso llegue. Pero deberían mirarse antes de hablar. El mero hecho de desear cualquier cosa, por frívola que sea, ya es tener fe, y en su expresión, en sus palabras, conceptos e imágenes, en la misma defensa de ese mezquino ideal ya está implícita la fe en que esas realidades huidizas van más allá de sus yos, que son universalmente aplicables, que pueden hacer una diferencia aunque sea en ellos mismos. Desde abrir los ojos al despertar hasta tener un hijo, cada cosa que hacemos a lo largo de nuestra vida se hace con esperanza, y es eso lo que nos caracteriza y nos proyecta un poco desde nuestro cuerpo hacia lo alto: la fe es un dios surgiendo del cuerpo de una alimaña.

 

Fe,

si es tu arcoiris el que eclipsa el sol,

fe.

Si es tu arcoiris el que eclipsa el sol...

 

La fe no es un remedio contra el miedo para gente sin personalidad. De hecho, el miedo surge de la fe; es el "pánico de tener toda la vida por delante" del que hablaba Walt Whitman. Y el miedo enriquece, que no impulsa, la fe, puesto que cuanto más miedo se tiene al vacío y a la no existencia, con más fuerza se existe, con más ardor se vive. Del horror que se siente ante el abismo negro de la Nada es de donde surge la inmortalidad unamuniana, la trascendencia del ser, pues aunque desligado de la consciencia, el ser continúa en el eco de nuestros actos. Esto actúa como una conexión con todo y todos, y he aquí donde aparece la religión de nuevo: religión viene del verbo latino religo, que significa atar junto, reunir. Ése es su verdadero significado, y no un conjunto de ritos y dogmas comunes impuestos a un grupo para darle una identidad diferenciada de otros grupos. Religión es todo aquello que nos une a los demás seres, y pensando eso, podemos decir que la religión es amor y que el amor es la mayor religión de todas. Así debe ser, y quien intente inculcarte lo contrario, ése desde luego no tiene fe.

 

Fe,

dame fe

al final...

 

Mi esperanza es ahora que la muchacha cuya tozuda convicción dio pie a estas líneas tenga verdaderamente una fe auténtica, pues si la tiene, su vida será rica, intensa y plena de sentido, y no se arrepentirá al morir. Temo que no es el caso, por desgracia, pero todo es susceptible de ser mejorado con el tiempo. Cualquiera diría que el aprendizaje es el mayor enemigo de la fe, puesto que nos desengaña de todo, pero mi opinión es la siguiente: la fe sobrevive a todos los golpes de la vida y se alimenta de ellos, pues hasta la herida más profunda tiene lugar en ella. La fe, o más bien el deseo de tener fe, es inherente al ser humano, no podemos hacer nada contra eso. Podemos negar ese deseo como una vergonzosa debilidad y autoconvencernos de que podemos vivir sin ella. O podemos dejar que el deseo germine y la debilidad se convierta en una fortaleza inmortal, radiante y gloriosa, en vida pura. Amiga, no esperes que alguien te otorgue la fe: ya la tienes. Qué hagas de ella... eso, una vez más, ya depende de ti.

 

Fe,

córtate las alas y a correr

nada te va a detener,

no, no, no, no...

 

Querida Emperatriz, mañana parto a Ermesan desde los ducados del Norte. Temo que algo va a pasar y quiero estar allí para verlo. Por cierto, me alegro de que te gustara esta canción. Es de Lucybell, y me ha acompañado bastante por todo el camino desde Arcarán hasta Ermeyos. Una vez más, gracias por todo.

Azucena.

21-03-2009 00:52:33 - Palabras robadas - Leido 32 veces

Entre el que venció a mil millares de hombres en la guerra

y el que se venció a sí mismo

es más gran vencedor este último.

                                                     Buda.

17-03-2009 16:19:39 - Shot - Leido 74 veces

pesadilla

 

Yo he hablado con el Demonio; sus alas y sus uñas me rozaron. Se mete en mi cama cuando intento dormir, me mete la lengua en la oreja, me tira de las piernas, me quita las sábanas y susurra “hetaira, crisantemo, nevada, ilógica, insana”.

Yo estaba bajo el sol que ponía al rojo las vallas y era plomo en la calle. Se le llama canícula. Canícula… clavícula… tenía una herida en el hombro que no paraba de sangrar y en el erial de delante alguien había abandonado un repollo morado envuelto en cinta de vídeo suicida. Era como un corazón arrancado pudriéndose al sol inmisericorde. Volvió a mi mente la última vez que la vi, llorosa, desnuda, arrastrada y gelatinosa en el espejo. Mi sexo empezó a salivar.

¡No! Él es la tentación, la tentación que tiene cuerpo de hombre pero no tiene rostro… Tentáculos con espinas me brotaron de entre los labios y treparon por mi vientre para ahogarme. ¡No! ¡No dejes que me lleven! ¡Mamá!

Caí al suelo doblada en dos, sujetándome el estómago que ardía escarnecido, los ojos en blanco, un hilillo de bilis cayendo de la boca y un hilillo de voz cayéndose de mi alma. “Mamá… mamá…”

Un espasmo me abrió, pateé el espejo y reventé el cristal con la puntera metálica de mi bota. ¡La puta, la puta del Diablo, traidora interminable! Nunca más volvería a verla… pero aún sin espejos la crueldad me aguarda. Volvía a la canícula y a la clavícula sangrante.

Me incorporé temblando, llena de tierra y de un calor ulcerado, me abrí la cabeza y tiré mi cerebro junto al repollo-corazón, para que se pudrieran juntos bajo el sol de fuego. Puede que mañana alguien lo confunda con una coliflor, qué coño.

Tal vez ya desintoxicada él no venga más.

Tal vez ese repollo es el corazón que me arranqué en aquella rabieta y se me ha olvidado…

 

Edit: A partir de ahora, Neko os besará y morderá en vivo y en directo, justo aquí. Arrepentíos y creed, porque la quinta jinete del Apocalipsis ha llegado. Y no le gustáis.

02-03-2009 22:56:52 - Retales - Leido 98 veces

Hoy hace diecinueve años que tuve a bien existir y desde entonces he desempeñado bastante bien mi carrera de dar por saco, empezando por mi madre, a cuyo útero me agarré durante horas negándome a salir al mundo exterior (Freud tendría alguna interesante teoría sobre esto, pero Freud me puede comer el inmaduro clítoris, así que sigamos).

Mi vida ha sido corta, según la esperanza europea, pero sigue siendo toda una vida (no tengo más), y me ha dado tiempo a aprender algunas cosillas. Que la gente que nos cae mal se nos suele parecer mucho, por ejemplo, o que el amor de verdad no te hace sufrir, o que aprender a conformarse es la mejor manera de ser inmensamente rico. Me falta aplicar el concepto, claro, pero en eso estoy. Me encuentro al comienzo del último año de mi segunda década, y llegados a este punto, me da por reflexionar acerca de las cosas que me gustan y las que han valido la pena de mi vida. La gente, en cierto modo, tiene razón: me estoy haciendo mayor, ya no soy una adolescente llorona. He recordado que en la vida también hay razones para sonreír, estar feliz y celebrar; no son muchas y tampoco aparecen todos los días, pero ahí están. Así que, ¿qué cosas salvaría de mi memoria de estos últimos diecinueve años?

 

-Las horas que pasaba trepada a mi árbol favorito delante de mi casa en Lima, imaginando ser un mono en un documental.

-Neko de doce años, con sus gafas y sus coletas, corriendo pasillo abajo de un cutre hotel de la costa barcelonesa con los brazos en el aire y gritando "¡Fora d'ací, males putes!"

-La calle Mayor en primavera, cuando sale el azahar.

-Las gominolas.

-Jugar con barro, caminar bajo la lluvia y en general las cosas que conlleven ensuciarse.

-Descubrir a Nightwish en una AMV de Naruto, una tarde en casa de Neko.

-Las tardes con Carmen María después de teatro, comiendo gelatina y hablando de sexo.

-Cuando volvía del colegio deprimida y cansada y mi iaia Milagros me esperaba con una taza de leche y un donut. Bueno, en general volver a casa y que mi iaia hubiera hecho la comida...

-La primera vez que me subí a una montaña rusa, el Dragon Khan de Port Aventura en 2006. Repetí tres veces.

-Un muchacho solitario de larga melena rubia al que abracé en un callejón sin nombre de la Barcelona vieja, una noche de noviembre.

-Mi primer día de facultad, cuando me pasé una hora hablando con Jano y Lidón junto a la biblioteca y supe que no me iba a costar tanto acostumbrarme (aunque a día de hoy aún digo "facultad? quién? yo?")

-La película de V de Vendetta, por múltiples factores.

 -Las noches en Cieneguilla este último septiembre, frente a los últimos restos de la parrillada, con un vinito en la mano, diciendo pavadas y literalmente llorando de risa. En mi familia somos todos muy cachondos.

-Cocinar, follar, follar en la cocina y cocinar mientras follo o viceversa. Cuesta pero sale.

-Las cerezas, Miguel de Unamuno, Turquía y Japón, el suomi, los filetes empanados con arroz blanco y plátano frito de mi abuela Elba, las faldas largas, el punto de cruz,  los escritos que consigo llevar a buen puerto.

-La primera vez que hice danza del vientre.

-El Tao Te Q'ing.

-Las cenas de clase de segundo de Bachillerato con Toni Llibrer (profe de historia del Arte), incluyendo las jocosas borracheras de Ingrid y los desvaríos neo-beat de Andrea.

-Los viajes con el colegio: Tarragona, Granada y Grecia. Sobre todo Grecia.

-La primera vez que besé a Jota. Entonces ninguno de los dos lo sabía, pero desde ese momento las cosas cambiaron para siempre.

 

No sé si viviré felizmente setenta años más o si me moriré mañana. No me importa, tampoco. Pero he aquí el último elemento de mi lista: hoy me ha felicitado más gente de la que me esperaba, tanto que a veces el teléfono se bloqueaba y el tuenti no cargaba. Me siento profundamente afortunada por ello, como hacía tiempo que no me sentía.

Gracias por este regalo. Me ha gustado mucho.

Dos de marzo, 23:57 h.

23-02-2009 17:04:29 - Retales - Leido 281 veces

A todos vosotros. A vosotros, que fingís no saber de qué os estoy hablando. A vosotros, que creéis que la cosa no va con servidores. A vosotros me dirijo.

A vosotros, que a pesar de llevarnos explotando, humillando, ninguneando y animalizando desde el Neolítico, a día de hoy seguís insistiendo en que somos las malas del cuento. A vosotros, tan infantiles que sois incapaces de superar a la madre que os abandonó o a la novia que os puteó y lo pagáis con todas. A vosotros, que nos dividís en monjas y fulanas y dejáis claro que ninguna de las dos opciones es buena. A vosotros, que os quejáis de lo guarras y golfas que somos y luego lloriqueáis porque nadie quiere follaros.

A vosotros, que afirmáis que somos lloronas, histéricas, manipuladoras, chismosas, vengativas, convenidas y falsas. A vosotros, que anunciáis a quien quiera oíros que no os fiáis de nosotras. A vosotros, que pensáis que no sabemos ser amigas de verdad, que apuñalamos a la gente por la espalda, que sólo buscamos dinero y estatus. A vosotros que nos insultáis llamándonos putas porque follamos con quien nos da la gana y luego nos buscáis por la misma razón. A vosotros que insistís en que no sabemos aparcar y que nos guardamos el rencor sólo para putearos. A vosotros que afirmáis con orgullo que a diferencia de nosotras vosotros lo arregláis todo con un par de hostias y luego tan amigos, y a los que aún no os he visto soltar un solo puñetazo.

A vosotros que nos miráis las tetas antes que los ojos. A vosotros que nos juzgáis como hembras reproductoras y no como personas. A vosotros que valoráis nuestros logros en base a nuestro atractivo sexual. A vosotros a quienes os parece más definitivo un coño entre las piernas que una inteligencia brillante, una gran iniciativa, una habilidad especial. A vosotros que creéis firmemente que una persona minusválida puede ganar medallas olímpicas pero os negáis a aceptar que una persona con dos ovarios sea capaz de hacer lo mismo que vosotros.

A vosotras que les hacéis el juego a ellos. A vosotras que les seguís riendo las gracias. A vosotras que afirmáis alegremente que queréis beneficios, no igualdad, y lo ratificáis dejando que os paguen las cenas y os hagan regalos que no merecéis. A vosotras que dejáis que ellos tomen la iniciativa y las decisiones, porque no pensar es más cómodo. A vosotras que os tumbáis en la cama desnudas, abrís las piernas y os ponéis a pensar en el vestido naranja que queríais compraros. A vosotras que os preocupáis tanto por las "desigualdades gramaticales" de la lengua y olvidáis que alrededor del mundo otras como nosotras mueren lapidadas por ser madres solteras. A vosotras que les seguís disculpando los desplantes, los cuernos, los golpes y los ninguneos porque "pobrecitos, son así".

A vosotros que os partís de risa con los chistes sexistas, pensando que algo de razón tienen. A vosotros, los del "si la mató es que algo habrá hecho", los del "ahora resulta que todos somos maltratadores" y los del "claro, una denuncia y a vivir del cuento". A vosotros, que tenéis la desfachatez de reclamar vuestro derecho a ser padres, cuando lo habéis tenido siempre y no habéis querido ejercerlo. A vosotros, a quienes os parece natural que nos hayáis explotado durante milenios, pero que en cuanto obtenemos realmente un poco de justicia os acojonáis y tratáis de ser las víctimas. A vosotros que creéis que "ayudar en casa" es levantar los pies para dejarnos pasar la aspiradora. A vosotros que seguís intentando convencernos de que sois menos evolucionados y sólo pensáis en sexo, para que nos veamos en la obligación moral de cuidaros y perdonaros.

A vosotros que nos odiáis por alguna razón que se me escapa y creéis que sólo estamos aquí para recibir vuestro semen y parir a vuestros hijos. A vosotros que debajo de todo ese odio escondéis debilidad y un miedo atroz a algo que no existe. A vosotras, pobres de espíritu que les dais razones para seguir haciéndolo. A vosotros.

A todos vosotros...

 

fuckU

 

¿A que jode?

25-01-2009 03:35:17 - Relato - Leido 98 veces

whales

 

Sea que la estrella de la tarde brille sobre ti

y que cuando caiga la oscuridad tu corazón sea leal.

 

Sea y sea lo que sea. El camino es largo y lleva a las playas aún púrpura de la madrugada, donde el negro del cielo se sonroja en amatista y en azul. Allá donde rompen las últimas olas del mar oscuro, rasgadas en encajes blancos a lo lejos, caminaré sobre la arena fresca y me tenderé a escuchar las estrellas cantar. Y sé que lloraré, porque he llegado, y uniré mis manos para elevar una plegaria, pero lo que saldrá será una canción. Por fin mi voz sonará hermosa, porque hablará de todas las cosas hermosas que he visto y he sentido, y ya ni siquiera recordaré que antes no fue así.

 

El camino me lleva por encima de las brasas a los acantilados aceros que se vierten sobre el mar frío y ardiente de blanco de Nueva Caledonia. Las alfombras oscuras de los árboles anunciarán mi llegada entre sus sombras. Podré dejarme caer al vacío sin reservas, los brazos abiertos, y el vértigo será dicha completa, ya no tendré miedo. El mar me recibirá en su útero de cristal burbujeante, donde la luz hace magia líquida, y oiré la canción prístina de la arena en los remolinos. Allí al fondo, sin tener que respirar, oiré por primera vez el canto de las ballenas. Y sabré que estaban esperándome desde el principio, que hay en mí algo de ballena, que puedo disparar mi cuerpo a través de las olas, devorar kilómetros azules y saltar tan alto que se me salga el corazón. Que puedo estallar en el mar. Flotar como un ángel dormido entre sus corrientes, con la carne palpitante de belleza y el corazón reventando sus costuras.

 

Caminaré por largos senderos entre las marismas, con los pies sumergidos, dejándolo todo caer. La armadura no me protegía, sólo me hacía invisible y ahogaba mi voz; poco a poco sus piezas irán cayendo y hundiéndose para siempre en la marea baja. El cielo será blanco y el aire olerá a mar y a vida. Criaturas muertas y vivas a mi paso, recordándome adónde voy. Yo estaré desnuda bajo el vestido de niebla y mi pelo nadará en el viento, sea corto, largo, sea lo que sea. A través de tantos años la cabellera de mi alma siempre ha bailado con el viento. Tarde o temprano el mar me encontrará, sus escalones de agua color pizarra rizándose y reventando de minúsculas gotas que se posarán en mi piel. Me pondré suavemente de rodillas en la corriente, suavemente, como si mis piernas se fueran deshaciendo en el mar. Y entonces cantaré como mis hermanas, con el ronquido profundo de todos los eones y el grito agudo de todas las vidas. Las ballenas me responderán, en alguna parte. Me esperarán.

 

Casi siempre será de noche. Será una noche sin sueño, una noche iluminada de colores secretos. Porque es de noche cuando ocurre todo lo que no vemos pero existe. Me bañaré desnuda en el cristal esmerilado y negro de San Bartolo y cuando las nubes abran vendrá la luna. Y yo flotaré en su anillo de plata, y me bañaré en la luna, y en todas las estrellas, y en todos los secretos del universo, ahí mismo, entre las islas dormidas. Los leones marinos, silenciosos, quebrarán los tumbos junto a mí, queridos hermanos, flechas de bronce. Me arrullarán con sus gruñidos. Y cuando me duerma me dejaré hundir lentamente hacia el fondo, arropada en el agua oscura, por fin en mi hogar.

 

Casi siempre será el mar. Porque el mar es la marisma interminable de todo aquello que no sé, y sus habitantes son los emisarios del Misterio. El mar es la noche de la tierra. Y cuando haya andado todos sus caminos mis pasos acabarán en esa playa púrpura de noche que ya descansa, una playa que es todas las playas. Habré nadado todas las corrientes y aún así el mar será un secreto. Saber que llego sin saberlo todo será aquello que amo: amaré, intensamente, sin objeto ya, sin piel, sin nada. Amaré tanto que volveré a llorar, y se me desbocará el corazón, y volveré a cantar, la voz más hermosa del mundo: la voz de todo aquello que ama a través de mí. Me estremeceré una última vez bajo el último cielo nocturno, feliz de haber llegado. Todo tiene sentido cuando nada lo tiene. En la oscuridad de la noche y en la carne de la tierra se ilumina mi espíritu. Hermosa, hermosa como nada. Y me dormiré sobre la arena fresca, antes de que amanezca, me dormiré para siempre. Así ha de ser. Así sea.

 

Mornie utúlië.

 

He escuchado "May it be" como un millón de veces mientras escribía esto, porque si paraba, se me iba la inspiración. Ahora sólo si lo releo con la canción de fondo surge su verdadera esencia; si no, vuelve a ser un vulgar compendio de divagaciones. No sé si a vosotros os funcionará igual, pero podéis intentarlo.

02-01-2009 22:35:04 - Música - Leido 54 veces

LeeAnn

 

I hope you never lose your sense of wonder,
you get your fill to eat but always keep that hunger;
may you never take one single breath for granted,
God forbid love ever leave you empty-handed.
I hope you still feel small when you stand beside the ocean.
Whenever one door closes, I hope one more opens.
Promise me that you'll give faith a fighting chance
and when you get the choice to sit it out or dance.

I hope you dance... I hope you dance.

I hope you never fear those mountains in the distance,
never settle for the path of least resistance.
Livin' might mean takin' chances but they're worth takin',
lovin' might be a mistake but it's worth makin'.
Don't let some hell bent heart leave you bitter;
when you come close to sellin' out, reconsider.
Give the heavens above more than just a passing glance
and when you get the choice to sit it out or dance.

I hope you dance... I hope you dance.
I hope you dance... I hope you dance.
(Time is a wheel in constant motion always rolling us along,
tell me who wants to look back on their years and wonder where those years have gone)

I hope you still feel small when you stand beside the ocean.
Whenever one door closes I hope one more opens.
Promise me that you'll give faith a fighting chance
and when you get the choice to sit it out or dance.

Dance... I hope you dance.
I hope you dance... I hope you dance.
I hope you dance... I hope you dance..
(Time is a wheel in constant motion always rolling us along,
tell me who wants to look back on their years and wonder where those years have gone)

 

Es lo único que se me ocurre que valga la pena desearle a nadie.

16-12-2008 22:46:10 - Shot - Leido 110 veces

Estoy jodida.

Creí que con soltarte la mano e irme a correr se iban a solucionar las cosas, pero está claro que el problema soy yo. Este invierno está siendo muy frío. Llueve mucho, hace viento y las cosas ya no tienen sentido.

Creo que he perdido mi punto de vista, o mi hilo conductor, o lo que sea. Mis palabras se repiten. Necesito conceptos nuevos, pero no sé de dónde sacarlos. Tengo miedo de dar el paso definitivo y ahogarme en el marasmo de mi propio cinismo, perder por completo la fe, la esperanza, volverme una descreída. Daré una fría carcajada triunfal y me moriré. Tal vez otra persona siga viviendo dentro de mi cuerpo, pero yo me moriré. No soportaría vivir sabiendo que no hay vida más allá de esta mierda.

Creo que tengo una piedra en el pecho. Es ira. Celos. Miedo. Es el pasado. Tengo frío. Tengo sueño. Los ansiolíticos están encima de la panera de la cocina. Quiero dormir para siempre y flotar eternamente lejos de esta ciudad helada, de sus malditos ruidos, de sus estúpidos "tienes que", del puño de la angustia en la boca del estómago, de mi infinito desprecio por mí misma. Los ansiolíticos están en la cocina y yo también. Más de cuatro es sobredosis. Diez y buenas noches.

Quiero dormir mientras me abrazas y no pensar. Quiero saber que no te has ido, quiero creer en ti. Pero no puedo.

El viento invernal silba por el hueco del patio de luces, como un fantasma. Mi corazón le grita con todas sus fuerzas, diciéndole que no ha muerto, que aún está aquí, pero él no le oye. Incluso creo que yo misma estoy empezando a dejar de oírlo. Tantos años oyendo lo mismo...

Estoy jodida.

Algo me dice que el día en que ya no tenga fuerzas para gritar todo se habrá acabado. Y entonces pondrán en mi epitafio "Esta chica fue una cobarde y vivió su corta vida con miedo". Y a mí me importará un bledo porque ya no estaré. Y seré libre.

Oh, señor. Estoy jodida.

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