06-05-2007 23:24:53 - Poesía - Leido 94 veces

Cómo echo de menos
tu pureza, vida mía;
ojalá nunca hubiérate transido
para envenenarte con mi dolor…
La nostalgia a veces
dibuja tu rostro joven en el agua luna
y no puedo más que llorar por ti;
¿qué te he hecho, vida mía,
qué te he hecho?
Apenas hallo valor para admitir
que fui yo quien partió tus alas
apretándolas entre mis dientes
para contener esas horrendas lágrimas;
qué bella, qué suave, qué dulce,
qué pura tu alma,
cuando la mía sucia
aún no estaba en ti…
¿Dónde fue mi bendita ignorancia?
La ingenuidad que no duele,
¿dónde quedó?
Y ahora contemplo las heridas de tu cuerpo,
amada mía,
cómo fui capaz…
Tantas tardes jugando contigo
entre esos idiomas que jamás
habían existido;
¿cuándo te violé, preciosa de mi alma,
cuándo te robé la luz,
amor?
Niña mía, no me mires;
he hecho de ti un monstruo
que jamás será tan grotesco, sin embargo,
como yo…
Ojalá pudiera lavarte
de tantos ultrajes
y devolverte a la vida,
y calmarte el dolor…
¿Podrás tú salvarme de ésta,
o moriremos las dos?
10/8/06 1:55 am