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La Emperatriz de Belsan
10-05-2007 01:02:29 - Relato - Leido 113 veces


Yo la llamaba Maryam, y tenía el aspecto desolado de una muñeca de porcelana tras un bombardeo. Podría sonar extraño, pero sus despeluchadas coletas cobrizas, su carita blanca de pestañas casi monstruosas y labios partidos, su vestido victoriano rasgado y sus medias a rayas blancas y rojas no podían hacerme pensar más que en eso.

Recuerdo que al principio era silenciosa. La rememoro encorvada sobre mi cama, de cuclillas en la cabecera, mirándome fijamente, aquel primer día. Recuerdo que el susto hizo que el corazón me saltara, y con el salto, algo más me dolió; un bulto anómalo en mi pecho, inflamado y latente. Pronto serían dos, dos senos infantiles en camino de convertirse, aunque yo no lo sabía, en esos orgullosos pechos de walkiria que serían mi sello y mi maldición. Así fue mi primera vez con ella, el día que mi cuerpo despertó.

Al principio no dijo nada. Ya me había acostumbrado a verla rondándome, silenciosa, como un espectro ojidilatado. Pero una mañana desperté con la entrepierna húmeda, y la encontré bajo mi sábana, acomodada entre mis muslos, la cabeza sobre mi vientre y sangre en mi ropa. Parpadeé sorprendida, pero los enormes ojos de ella no se apartaron de mí

-Hola -me dijo. Se podría decir que surgió una especie de amistad.

Maryam no era cariñosa ni atenta. Era cáustica, corrosiva como el ácido, y cruel. Se notaba en ella un aire despectivo por todo, una amargura muy antigua, como un rencor de posguerra. Pero también era lúcida e inteligente, y poco a poco fue calando en mí su pasión y su odio, que me hicieron llorar mil veces sin que ella se compadeciera o pidiera perdón. Su humor cínico y destructivo me hacía reír con un nudo en la boca del estómago, sensación curiosa a la que, con el paso de los años, me acostumbré. Ella decía que crecer y vivir a partir de entonces era siempre una risa con ganas de vomitar. No me hacía falta creerle. Lo sabía.

Mi hermana acusó la existencia de Maryam. Ella pasaba entre nosotras, como un fantasma gélido, y me atraía irremediablemente junto a ella, hiciera lo que hiciera, para encerrarme en mi habitación a oír sus fascinantes elucubraciones y contemplar el vertedero que constituía nuestro mundo. Creo que mi hermana me odió un poco. Y la odió a ella, sin saber que existía; ella sólo veía aquello de Maryam que estaba en mí. Yo ya no tenía tiempo para jugar con ella y sonreír despreocupada. Ni tiempo, ni razones. Pero ella era tan niña, tan inocente. No podía entender.

Con el tiempo, empero, se acostumbró a compartirme. Aceptó que yo ya no estaría siempre con ella para jugar, y aprendió a jugar sola. Me sentí triste a pesar de todo. "Mejor que aprenda a estar sola. Puede que la vida le dé mucho de ese plato" había dicho Maryam, con el desprecio y la elegancia de quien exhala el humo de tabaco.

Me sentí traidora por un tiempo, pero los viajes que Maryam me proponía, a través de los espacios y las consciencias, eran cada vez más largos e interesantes. No podía parar, me sentía presa en el remolino incesante de su furia y su vértigo. Poco a poco, Maryam empezó a dejar que viajara sola, que descubriera sola. Seguía viniendo a verme, pero cada vez con menos asiduidad. Habían pasado muchos años desde que nos conocimos. "Ya no eres una niña" me decía, "tienes que aprender a utilizar lo que te he enseñado, tienes que dejar de depender de mí, y de los demás". No lamenté su alejamiento, como tampoco me había aterrorizado su aparición tiempo atrás: ella estaba en mí, y lo que había dejado en mi ser duraría para siempre, de una u otra manera. Nadie podría jamás olvidar las hórridas delicias de Maryam. Así que empecé a hacerme el camino sin ella, y me acostumbré a verla menos. Aunque siempre aparecía de vez en cuando para guiñarme el ojo y hacer que mi estómago se convirtiera en un agujero negro.

Un día, ocho años después de la primera vez que vi a Maryam, mi hermana empezó a cerrar la puerta de su habitación. Al principio no lo noté, pero pronto el rectángulo de luz que faltaba en el pasillo empezó a notarse. Oscuridad, me dije, y algo en mí tembló. Había pasado mucho tiempo desde que la vi por última vez jugando sola.

Soporté su ausencia obstinada durante semanas, meses. Pero al final no pude más. Hacía tiempo que la presencia de Maryam no era más que un susurro en los peores momentos del día...

Aquel mediodía, me armé de valor y abrí sin pedir pemiso la puerta de la habitación de mi hermana, con un arrebato violento.

Ella apenas me miró. Estaba frente al ordenador, zambullida en algún laberinto de configuración galáctica. Pero inclinada sobre ella, con las manos en el respaldo de su silla, estaba Maryam.

Nada en ella había cambiado. Sus larguísimas pestañas negras y las líneas verticales en sus labios seguían haciéndola parecer una muñeca de porcelana rota. Pero esta vez me miraba de lejos, cargada de rabias y secretos que no eran míos. Me sonrojé brutalmente, como si las hubiera sorprendido en un acto indigno. La sonrisa cínica y casi despiadada de Maryam, retándome a reclamar nada... incliné la cabeza al suelo, musité una disculpa y me largué de allí. Ya había visto bastante.
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Aún las oigo hablar a veces, cuando todos creen que mi hermana está sola. Maryam todavía me sonríe cuando nos cruzamos por el pasillo, pero yo la reconozco por lo que dejó en mí de sí, más que por lo que es ahora. A mi edad, son muchos años. Maryam no vino a empujarme a un nuevo mundo fabuloso y terrible para que me perdiera en él para siempre. Ella llegó para demostrarme lo ridículo de mi existencia; para impulsarme a buscar más mundos, mundos dentro de esos mundos y todos ellos dentro de este mundo, y este mundo dentro de mí. Me enseñó la extensión inabarcable del dolor sólo para que yo me atreviera a recorrerlo, me susurró deseos de placer apenas insinuados para que yo descubriera cómo saciarlos. Aún hoy la venero como quien me arrancó la piel y me empujó en carne viva a un exterior helado y quemante como la vida misma.

Algunas noches, oigo a mi hermana llorar sin motivo en su habitación.
Comentarios
dani dijo hace 2 años y 28 meses:
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dani dijo hace 2 años y 28 meses:
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dani dijo hace 2 años y 28 meses:
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DANI dijo hace 2 años y 28 meses:
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