13-05-2007 20:21:01 - Shot - Leido 82 veces

-¡Estoy harta de ti, estoy tan harta que podría vomitar!
Él se llevó a la muñeca rota recogiéndola de la calle; había saltado por la ventana de un edificio en llamas del que no pensaba salir, sólo porque él la miró.
Amor, amor. Inventos y palabras vacías, canciones y libros llenos de historias perfectas que dolían al tercero por su propia insensatez. Y un calor inverosímil en mayo abrasando el cuerpo, el sudor, ese calor exudando de la piel como si proviniera de adentro. Ojos que no ven nada.
-¿Cuándo se me quitarán las membranas del hueco entre la garganta y el cerebro? ¿Cuándo podré volver a sentir como antes?
Recuerdos terribles de habitaciones a oscuras plagadas de una pasión que parecía entonces incombustible. Felaciones y cunnilingus como regalos del alma, entregados con el fervor de los fieles bajo las velas. Palabras jadeantes, y ni un puñal en la garganta ni el estómago. Ojalá durasen para siempre los engaños del tiempo. Ojalá no tuviese un cerebro.
-No sirve de nada. Sólo ha sido útil para hacerme más infeliz que el común de los mortales. Quisiera no haber estado nunca allí esa noche.
Puede que un día la infección la mate sin más. Pero no sabe qué hacer.
Sólo se arrepiente como jamás se arrepintió de nada haber hablado entonces.
Sólo desea como jamás deseó que todo vuelva a ser como antes.
Estaba tan segura…