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La Emperatriz de Belsan
11-06-2007 23:49:28 - Relato - Leido 97 veces


Había una vez, una princesa que vivía en una cueva, en lo más alto de una inhóspita montaña. Le gustaba sentarse en la oscuridad y contemplar el mundo de afuera, practicar la magia negra, escribir en las paredes; por eso mucha gente le tenía miedo. Ella también le tenía miedo al mundo, pero a pesar de ello se sentía sola, pues nadie se aventuraba a escalar la montaña para visitarla.

Alguna vez, consiguió atraer a algún muchacho de la aldea a su cueva. Príncipes, nobles, bardos o campesinos, ella no lo sabía; no le importaba. Sólo contaba lo feliz que la hacía tener por fin compañía. Pero esos jóvenes, que acudían a ella curiosos y quizá también solos, terminaban por asustarse; quizá temían quedarse para siempre atrapados en la lúgubre cueva, o quizá en el fondo les daba miedo la princesa, su miraba oscura, su silencio, sus extrañas artes. Todos acabaron por huir, dejándola de nuevo sola y afligida. Y también llena de rencor y de rabia, cada vez más fuertes. Se odió por haberles creído y por haberles necesitado, y por llorar al estar sola otra vez. Cuando el último pretendiente recogió su capa y salió corriendo, la princesa aulló de dolor y de ira, y se juró no dejarse engañar otra vez. Aunque en el fondo sabía que nunca soportaría la soledad.

Un día, apareció en su cueva inesperadamente un muchacho. Ella no le había llamado ni conjurado con ningún hechizo; él había venido solo, pues había oído el rumor de su llanto desde la aldea y había acudido a secar sus lágrimas. La princesa apenas se atrevió a creerle. El joven pastor, dulce e inocente, traía en las manos su propia y sencilla vida, dispuesto a ofrecérsela entera, a aliviar su soledad y a darle calor en su cueva húmeda. Ella se atrevió, por un momento, a sonreír.
Pero la princesa había pasado por mucha rabia y desencanto, y mucha desesperación. No supo controlar su ansia sin nombre, ni entender el amor que se le ofrecía, y una noche se arrojó encima de él, lo mató y lo devoró. Al día siguiente amaneció llorando como jamás había llorado, abrazada a sus ropas manchadas de sangre. Su destino era estar sola, y ser vista como un monstruo.

Hoy la princesa aún languidece en la cueva. Acurrucada, se pregunta qué fue lo que pasó, y si algún día volverá su pastor, si desde la muerte podrá perdonarla. Pero el amor es privilegio de aquellos de no piensan. Y los malditos no saben amar.

Juré no contar las mismas mentiras que me contasteis. Quizá para cumplir mi promesa hoy tenga que morir.
Comentarios
andré dijo hace 2 años y 30 meses:
has publicado algo grande que se pueda leer?
saludos
Belsan Empress dijo hace 2 años y 30 meses:
Algo grande que se pueda leer? Hmm... no sé, estoy escribiendo una novela, eso es grande, no? ^^
Gracias por tu interés, cuando haya acabado mis maléficos exámenes le echaré un vistazo largo a tu web ^^
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