27-06-2007 01:11:29 - Relato - Leido 86 veces

Eran demasiados. Eran demasiados y eran demasiado fuertes. Crueles como ellos solos... o quizá ni siquiera crueles fueran. Quizá para ellos la violencia es algo divertido que hacer, y no tienen interiorizada ningún tipo de ira ni de odio hacia los demás. Quizá son solamente niños enfiestados jugando con las vidas de otros. No lo sé.
Llegaron y se fueron de repente, y dejaron tras de sí un erial de muerte y terror. Creímos que podríamos defender solas el templo. Ingenuas de nosotras. En un instante, toda nuestra fe hecha trizas; nuestras dulces palabras no bastaron para salvar la sagrada belleza de este lugar. Ahora, todo está perdido. Del esplendor de nuestra morada última, ya no queda nada.
Los cuerpos de las sacerdotisas que interpusieron su carne entre el templo y la espada aún yacen a mi alrededor. No están mutilados con especial saña. No buscaban el dolor ajeno, es demasiado refinado. Sólo deseaban la destrucción. Los cristales rotos del suelo, empapados de sangre, lloran por la inocencia robada de nuestra tierra...
Trato de arrastrarme hacia el último altar profanado, el más alto y más bello, pero me cuesta. Tengo los brazos rotos, quizá también algunas costillas. Mi respiración es un ronquido húmedo. Mis pulmones se llenan de sangre. No sé cómo aún puedo ver; el mundo baila a través de una cortina de agua... ojalá aún...
Rindo mi cabeza sobre el cuerpo de una de mis compañeras, ya no puedo más. Su piel aún está caliente. Se me llenan los ojos de lágrimas mientras suplico no vivir para sentir cómo se enfría. Alzo la mirada en derredor. Las mamparas de alabastro... los delicados adornos de cristal, el mármol, las puertas incrustadas en nácar. Todo está destruido, quemado. Nuestra belleza... el último tesoro que juramos guardar, tantos siglos de belleza, todo ha acabado en un momento. Las jarras de cristal... están rotas, y los pétalos de las rosas arrancados y desparramados, pisoteados, esparcidos por el suelo lleno de sangre. Nuestro sueño... la crueldad de los hombres ha acabado con él.
Lloro sobre la espalda de mi compañera muerta. Su preciosa piel de canela se mancha con la sangre que mana de mi boca. Hermana, perdóname... esperadme todas... no soy una cobarde... no viviré para seguir respirando bajo un reinado de ignominia y lodo. He sido la última, y llevaré para toda la eternidad la visión de la belleza dentro de mis ojos. Ellos nunca podrán destruirla, pues perdurará en mi recuerdo.
Hace tanto frío. Las siluetas en mis ojos se diluyen entre lágrimas, y mi mejilla, agotada, busca el último calor del cuerpo de mi compañera, pero ya se siente fría su carne, igual que la mía. Mis lágrimas ruedan por su piel y tocan el suelo. Que nuestro pueblo jamás olvide que alguna vez existió la belleza... la inútil y divina belleza... y que conserve la esperanza... por favor.
Sobre el altar mayor aún se percibe el destello rojo de unos pétalos. La... última rosa. Es... tan... hermosa...
Listening to: This is Halloween (Marilyn Manson)