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La Emperatriz de Belsan
16-07-2007 00:10:59 - Cartas a la Emperatriz - Leido 98 veces


La encontró en el baño, tras recorrer los fríos pasillos del edificio y colarse en el piso número 2. La construcción era nueva, pero sin saberlo, sus habitantes habían ido dejando en sus esquinas y sobre sus paredes el polvo del tiempo, las palabras de sus vidas, convirtiéndolo en un museo irreal que sólo la Emperatriz podía ver. Nadie la vio a ella, sin embargo, cuando atravesó la puerta de la vivienda número 2 y desapareció.

Una vaharada de desesperación y dolor la golpeó como si fuera olor a muerte. Se detuvo tambaleante, y distinguió en las paredes, como marcas de tinta invisible bajo luz negra, palabras de rabia y de sufrimiento, de masoquismo y tragedia, arañadas por alguien que en su silencio gestaba un embarazo macabro. Algo terrible había pasado. Al avanzar por el recibidor y adentrarse en el pasillo, vio en el suelo marcas plateadas de antiguas lágrimas.

El baño. La luz estaba encendida. Y ella estaba en el suelo, con los brazos extendidos, como un ángel con las alas de sangre brillante extendidas sobre el suelo blanco. Había usado el método casero que menos miedo daba; sobre la tapa de inodoro había dejado un cutter nuevo, recién afilado y sucio de sangre. Ella, sin embargo, estaba preciosa: recién bañada, pues la carne tierna y tibia de sus muñecas había cedido con facilidad, el pelo húmedo bien peinado, maquillada, con los zapatos puestos, y perfumada; el aroma penetrante de las flores del azahar le llegó desde su cuerpo aún caliente. Llevaba puesto el que probablemente era su mejor vestido, negro; iba enlutada a su propio funeral.

La Emperatriz se arrodilló junto a ella. Tenía los ojos cerrados, pero aún respiraba. Al notar una presencia a su lado, separó lentamente los párpados. Ya no le quedaban fuerzas para asustarse.

-Tú... -susurró, pero luego desvió la mirada con decepción-. No eres ella.

-¿Quién es ella? -preguntó la Emperatriz.

-Ella... no lo sé... venía cuando yo estaba sola... era mala conmigo, pero... al menos éramos dos...

-Tu soledad -coligió-. ¿Me hablarás de ella?

-Lárgate -escupió la otra, volviendo a cerrar los ojos-. No tengo nada que hablar contigo... ni con nadie.

-Tú no quieres morir.

-Que... te... largues.

-Quieres marcharte de aquí, no morir. Sólo lo has hecho con la esperanza de encontrar algo mejor al otro lado. Pero no es tiempo aún para ti. Toda la fuerza que te empujó a hacer esto puede ser utilizada con otros fines.

-Cállate -en circunstancias normales habría gritado, pero estaba muy cansada-. Te he dicho que me dejes... ya no... ya no quiero...

-Azucena -le dijo la Emperatriz quedamente, haciendo que volviera a abrir los ojos-. Toda tu vida tuviste miedo de ser una cobarde. Ahora que tienes la oportunidad de hacer algo bueno, aunque sea con tu muerte, ¿vas a rechazarla también? ¿Hasta dónde llega tu maldito orgullo?

-¡Hasta aquí! -exclamó la muchacha con voz ronca. Aunque ya no podía moverse, fue obvio a qué se refería-. No puedo hacer... nada bueno... no quiero que... los demás sigan... cargando con...migo... -paró y respiró profundamente. Hablar empezaba a hacer que le faltara el aliento.

-¿Y si no fueras una carga para los demás? ¿Y si tuvieras la oportunidad de redimir toda tu vida de miedo? Yo quiero conocer ese mundo del que tú huyes. Háblame de él, Azucena. Yo te ofrezco algo mejor, muy lejos de aquí.

Ella la miró. Sus labios, ya blancos, temblaban. De repente los ojos se le empañaron.

-Yo sólo... quería dejar de sufrir... -una lágrima rodó por su mejilla fría-. Por favor... haz lo que quieras... pero sácame de aquí... por favor...

La Emperatriz se abalanzó sobre ella y la levantó del suelo, estrechándola con fuerza entre sus brazos. La luz blanca de la estancia se intesificó hasta cubrirlo todo. Azucena desapareció, como una flor azul en un mar de luz. Y la Emperatriz se quedó sola en el baño, frente a un charco removido de sangre.

Suspiró. Había enviado a la muchacha suicida a Belsan, donde podría empezar otra vez, y dormir en la cuna de brumas cuando se sintiera sola. Los Grandes sabían ya que era su protegida. Hädannre.

Se levantó lentamente, y sus rodillas humanas traquearon. Sonrió, sin saber por qué. Caminó hasta la puerta del baño, y antes de salir, hizo un gesto en el aire dirigido al suelo. Cuando salió de la casa, la sangre de los azulejos se había convertido en pétalos rojos de flores desconocidas en la Tierra. Y en la puerta, grabada con esa tinta invisible ya desprovista de dolor y desesperación, sintió, más que leyó, una sola frase.

"Lo haré".
Comentarios
andré dijo hace 2 años y 29 meses:
anda caramba
yo quiero ir a Belsan ese, tiene buena pinta
Belsan Empress dijo hace 2 años y 28 meses:
Como decía aquella serrana en el Libro de Buen Amor, "o pasáis sobre mi cuerpo o no pasaréis" XDDDDD
P.D.: No te asustes, era broma.
andré dijo hace 2 años y 28 meses:
me he acordado esta mañana, estaba releyendo "Totentanz" de Dino Battaglia, buenísimo, lo has leído?,

basado en cuentos de Poe, hay un cuento que se llama Lady Ligeia, que me ha recordado esta anotación bastante :)
Belsan Empress dijo hace 2 años y 28 meses:
(Belsan toma notas)
Lo tendré en cuenta la próxima vez que tenga dinero... o encuentre una biblioteca ^^U
Gracias!
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