30-10-2007 23:05:14 - Poesía - Leido 80 veces

No sé qué es peor:
un intolerante
o una persona que cree que la vida ha de ser amable.
Pues quien no tolera posee pasión y es irracional,
pero a los mojigatos, ¿a ellos qué les queda?
Siempre eres tú la histérica, la enferma, la perdida. Y ellos, con su abrazo dulce y asfixiante, intentarán protegerte de ti misma.
Ingratos. Vacíos. Blandos. Débiles.
Y nosotros sin poder cambiar.
Y ellos sin dejarnos.
Vacía e insípida su vida bajo la cubierta de rosado azúcar...
¡Mundo de seda, vino y especias, de sol y de luna, de carne, de brasa, terciopelo y hierba! ¿Por qué te anegan los que se conforman con tu sonrisa infantil, cuando tienes tantas caras, tantas manos, oh hermosa, oh lasciva, oh infinita preciosa?
No soporto el ahogo de sus cinchas. No aguanto ser vista como un grito ingenuo que se apagará pronto. Quiero rodar hasta el fondo
y tocar su esencia más profunda.
Cuán vacías y aguadas estas acuarelas. Quiero óleos hirvientes, cera y llamas; aceite dorado y lágrimas. Ser la loca, la inconsciente, la temeraria, para no resecarme en el asesino punto medio, en el desabrido equilibrio de no casarme con nada.
Mundo, heme aquí.
No quiero ser como ellos...