Laburo España: 250.000 ofertas de empleo
La Emperatriz de Belsan
24-03-2008 01:20:08 - Cartas a la Emperatriz - Leido 103 veces


Qué ha pasado? La mía es una generación hueca y muerta. Vivimos en la primavera de nuestra vida: la primavera es época de nacimiento y de renovación, de reproducción, de savia tierna y de promesas. Sin embargo, ¿nosotros qué somos? Una imitación barata de lo que deberíamos ser, fantoches hastiados y ojerosos. Ni sombra de flores, ni atisbo de primavera.


Hubo un tiempo en que los jóvenes se rebotaron. Nos lo han contado: gente como nosotros, con poca experiencia y mucho estómago, decidió realmente jugársela y la emprendió a hostias contra las injusticias; ya era suficiente. Se gritaron tantas cosas… ellos decidieron levantarse del sofá, decidieron dejar de quejarse y hacerlo de una vez: hacer la revolución, hacer el amor, ¡actuar! Ellos entrevieron algo nuevo que llevaba dos siglos fraguándose y tomaron parte, saltaron a la corriente del cambio. Desde que rodó la cabeza del primer rey, desde que los jornaleros alzaron al cielo sus hoces, ese momento estaba destinado a ser su momento, y ellos habían nacido para ser parte de él. No le tenían miedo al fracaso ni a la corrupción de los ideales. No podían fallar porque ¿cómo habrían podido fallar? Habían descubierto algo más allá de sus narices, algo tan sencillo y puro que era imposible que los demás no lo vieran.


Pero no lo vieron. Y aquí estamos nosotros. Nacimos al comenzar la última década del siglo veinte, de entre los escombros del muro de Berlín. Nacimos ya a un mundo sin bloques, donde alinearse y luchar había quedado obsoleto. ¡Ah, habíamos nacido a la tan ansiada paz! Paz… Y así crecimos. Tranquilos, sin temor de las bombas nucleares, con el estómago lleno de carne y las manos rebosantes de plástico, ¡teníamos paz! A lo lejos, niños como nosotros morían en Bosnia, en Gaza, en Rwanda; niños kurdos, niños irakís, niños con hambre, niños en guerra. Teníamos paz…


Somos una generación engañada. Nos han hecho creer que somos libres, cuando nunca hemos sido más esclavos. Podemos tener cualquier cosa que queramos, hasta el más mínimo deseo puede ser saciado al instante, y esos deseos superfluos se convierten en nuestros amos. Vegetamos sentados, atiborrados de pantallitas brillantes, de cables, de grasas y azúcares, de alcohol, tabaco y marihuana, de trapos inútiles. Nos han hecho creer que somos especiales, únicos, que nadie es como nosotros, pero es mentira. Somos todos absoluta y dramáticamente iguales: una panda de mamones. Nos han hecho creer, por si la desfachatez no fuera suficiente, que podemos ser rebeldes. Nos venden luchas obreras, sueños pacíficos, violencia armada, oscura apatía: vienen en packs de seis y se pueden combinar, están disponibles en cualquier supermercado. Nos han obligado a pasarnos la vida mirando enfurruñados al del costado, convencidos de que todo lo malo que nos pasa es culpa suya, para que no nos demos cuenta de que nuestra mente se ha convertido en una bola de plastelina y nuestro estómago en un basurero. Nos han entrenado para tapar la boca de nuestra conciencia con dinero y chocolate. Todos creemos ser la oveja negra, y de hecho lo somos: somos un rebaño de ovejas ennegrecidas por el smog, que balan y se mueven siguiendo a un pastor pérfido. Mañana seremos chuletas.


Tenemos miedo de nosotros mismos, porque nos han educado para odiar todo lo que nos hace débiles. Contemplamos con terror nuestra desnudez, mórbida, blanda e inocente, y la tapamos con kilómetros de poliéster y sangre. Luego vienen las garras a arrancarnos todos esos inventos, y lloramos humillados, porque no pudimos ser fuertes, porque ¡oh, vergüenza! somos humanos. Las señales de que algo va mal vienen de todas partes, pero nos metemos los auriculares en las orejas y subimos el volumen para no oírlas. No queremos alzar los ojos para mirarnos al espejo, porque sabemos qué hay en él, aunque queramos convencernos de que no: nuestro reflejo se burla de nosotros, porque somos mocosos disfrazados de persona.



Durante dos siglos, las manos se han alzado para gritar por libertad antes de descender para matar: se han alzado antorchas, horcas, banderas, fusiles, palmas, puños. Y aquellos que han tenido la desgracia de estar debajo en ese momento se han visto de bruces en el suelo, escupiendo sangre, con las manos aplastadas contra la tierra. Porque otros les negaron el derecho a alzarlas. Si hubieran sido ellos los que las levantaran, también habrían matado. Y nosotros, pobres ignorantes, queremos alzar las manos cuando en realidad las tenemos en el suelo. Nos han dicho que las revoluciones se han forjado a tiros e incendios, pero han olvidado añadir que pronto se acaba el chollo, que al final no se revoluciona nada. No quieren que sepamos que la auténtica revolución es usar las manos para lo que fueron creadas: para sostenérselas a otros.


Mientras, nuestro hogar se va al garete, pero no nos quejaremos hasta que veamos que no nos quedan bollos para la merienda. Llevamos casi toda nuestra vida hablando, pero no hacemos nada; si hay algo que hacer, lo harán los otros. Eso sí: estamos mil veces más dispuestos a recordar a quien nos ha jodido a nosotros que a quien ha hecho algo bueno por otros. Porque, ¿qué importan los otros? Son idiotas. Más o menos como nosotros.


Nada de lo que nos rodea está hecho para durar. Nos han acostumbrado tanto a tenerlo todo que ya no importa tirar a la basura algo que acabas de conseguir; ya vendrá otro más o menos igual. No sabemos amar, porque somos egoístas y esperamos que los demás se porten como los objetos con los que nos hemos criado, satisfaciendo nuestros caprichos siempre que nos dé la gana. Apenas somos capaces de balbucear la palabra “gracias” o de escupir una frase amable gratis; dentro de todos los aditivos de los preparados nutracéuticos con los que nos han hecho crecer nadie ha sido capaz de infundir aunque sea una pizca de respeto. No nos hemos parado a pensar que, así como creemos que el mundo es, efímero y descartable, puede que seamos también nosotros. Polvo eres…


Nunca los jóvenes hemos poseído tanto. Nunca hemos tenido tan poco. Nos han legado una vida miserable, cubierta de lazos y de purpurina, que dentro no tiene más que aire. Somos como perros a los que no paran de arrojarles palos, entretenimientos mezquinos: corremos de aquí para allá asiendo entre los dientes lo primero que brilla, sin darnos cuenta de que no vamos a ninguna parte. Somos la primavera, pero no quieren que nos demos cuenta. Han talado los árboles, cortado las flores, matado a los animales, secado los ríos, y nosotros seguimos aquí, muertos por dentro, riéndonos de chistes imbéciles para no pensar en qué coño está pasando. Deberíamos ser parte de esa primavera como una rama dentro de un árbol, y apenas alcanzamos a oler la fruta pudriéndose entre las cercas que amordazan nuestras ciudades. Más allá de nosotros quizá palpita una respuesta, pero nos han encerrado dentro de estos cuerpecillos patéticos y nos han obligado a tragarnos la llave. Y seguimos yaciendo aquí, ahogándonos en nosotros y sabiendo sin saber, desconsolados, que nuestro propio ácido, dentro de nuestra propia carne, está corroyendo la única salvación.


¿Qué ha pasado? Que no pasa nada. Ya no queda nada para nosotros. Nos hemos creído el cuento de “y vivieron felices”, y con eso apretamos el gatillo en nuestra sien. Las mareas superficiales del mundo se mueven, la gente habla, la gente se mata, la gente escribe, canta, come o no come, pero no pasa nada. Y nada va a pasar. Porque no se nos ha ocurrido soltar la mano de nuestra garganta y ponerla en nuestro corazón. Porque no nos hemos dado cuenta de que escupiendo en las mejillas del prójimo lo hacemos en las nuestras. Porque nos han hecho creer que la parte de afuera es todo lo que hay, porque nos han ocultado que hay cosas que trascienden más allá de los deseos vanos, los sueños inútiles, la comida innecesaria, los juguetes relucientes, la personalidad hinchada. Porque si pinchan nuestro mundo, veremos que dentro sólo hay aire: nuestro propio y pretencioso aliento. No tenemos nada.


No somos nada.


Comentarios
dani (kardone) dijo hace 1 año y 20 meses:
me gustó mucho este. MUCHO

...he tratado de ampliar varias veces este comentario, pero cualquier otra cosa que le añado me parece superflua; así que, así se queda :)
Belsan Empress dijo hace 1 año y 20 meses:
¿De verdad te lo has leído todo, Dani? Me halagas ^^
Comentar


Recordar datos

Referencias - [URL]
Creative Commons 2.1 (cc) 2005 La Emperatriz de Belsan
Gestionado con Bitacorae | Diseñado por amuchamu
Página generada en 0.041 segundos
LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009