Hazme el amor, cielo cuajado de estrellas,
entra en mí, sé yo.
Penétrame hasta el último rincón
de mi débil cuerpo;
en ti seré escarcha celeste
y fango quebradizo nunca más.
Haz de mí parte de la luz.
Que mi grito sea el parpadeo de una de ellas.
Que al alzar a ti mis manos
suplicando por más
conviertas mi ansia en el impulso
último que lo mueve todo.
Como una estrella fugaz que te partiera en dos.
Ábreme a tus anhelos como una flor,
desóllame
y deja que en carne viva
te sienta, íntegro, ardiente de plata
y lapislázuli: acaríciame con el deseo de los siglos
y convierte el fuego rojo de mis muslos
en tu voz.
Hazme el amor y que mi gemido trémulo
sea eco del giro de una galaxia.
Baña mi piel húmeda con tu luz
y muerde mi alma: deja marcada para siempre
el ansia de encontrarte,
la desesperación de amarte,
la certeza de serte.
Hazme el amor, cielo cuajado de estrellas
y dame la esperanza de que sí,
de que es cierto...