Pero yo te quise. Más pronto, más tarde, te quise. Te quise como os quise a todos: con el deleite ardiente y desesperado de algo abocado al fracaso. Te amé sabiendo en el fondo que iba a perderte, y no lo lamento, porque sólo cuando cada segundo puede ser el último la sed de vida es tan ardiente. El dolor valió la pena, me da igual, tuve una hija. Yo misma. Sé que te desconcierta, pero lo entiendo. Tú también me desconcertabas, y te amé de igual forma. Éramos dos niños, y mira. Una parte de mí siempre te querrá. No puedo olvidaros, a ninguno. Cada uno de vosotros erais una fruta en mi cesta, cada una de distinto color, sabor y perfume. Y cuando el sabor a fresa se transformaba en sangre, no lo lamenté. Erais deliciosos todos. Tú también lo eras, una manzana morena glaseada de sal. Deliciosa vida, exquisito amor. En mi memoria aún me embriago de vuestros cuerpos. ¿Qué más habría podido pedirle a ningún dios, salvo vosotros? Ah, mi niño para siempre, yo te quise, y la muchacha inexperta y curiosa que fui te ama. Ése es mi secreto.
Música: Who killed Mr. Moonlight? (Bauhaus)